Aprendices de periodismo

Reportajes elaborados por estudiantes de Periodismo III de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela

Cuando el descanso eterno tiene un precio


La Alcaldía es responsable del cuidado y vigilancia de los camposantos, pero el ente municipal propone que la carga la lleven todos los cuerpos de seguridad de la región para lograr un equilibrio y conseguir solucionar el problema

Susley Munévar / María Alejandra Flores

A mitad de la noche o a plena luz del día, bajo estrategias de despistaje, especialmente en las secciones llenas de maleza y con más destrozo, ladrones armados con palancas, hierros y martillos se disponen a tocar la puerta del más allá a quienes deberían reposar en paz dentro de su lugar de sepulcro.

Esa paz no termina de llegar y es que en los cementerios de Vargas, la práctica de la profanación de tumbas ha ido de menos a más en los últimos años, demostrando que hay un serio problema social y cultural que se escapa de las manos de los cuerpos de seguridad y la municipalidad.

Ya sea para realizar cultos o experimentos, la profanación es un problema de conciencia social, pues la actividad afecta a cientos de familias que sufren doble dolor, al conocer que la mitad de su ser querido no se encuentra en el campo santo, lugar que escogieron para que descansara.

“El tráfico de cadáveres se ha convertido en una forma de lucrarse rápidamente (…), son una suerte de mafias las que se dedican a esto. Un cráneo humano puede costar 2000 mil bolívares, mientras un fémur cuesta 1500 bolívares”, explica Alfridez Castillo, Sociólogo y Secretario Municipal de Gobierno en Vargas, quien ha presenciado cómo el tema de profanaciones de tumbas ha ido creciendo ante los propios ojos del ente que debería encargarse de dar solución a esta problemática.

Leonel García forma parte de una serie de estadísticas que encierra este delito: la del familiar profanado, la del indignado grupo familiar y la de los que no denuncian ante las autoridades, debido a que no sienten confianza de hacerlo. “Impotencia, rabia, ¿quién sabe qué hicieron con los restos de mi difunta abuela, para qué fin se habrán llevado la osamenta?”, se pregunta García, observando el profanado sepulcro en una de las parcelas más alejadas del Cementerio Municipal de La Guaira, principal camposanto varguense y terreno de un alto número de violaciones a almas en reposo.

“Había escuchado rumores de que este delito se cometía aquí en el cementerio de La Guaira, pero lamentablemente tuve que pasar por eso para darme cuenta de que existe esa mala intención”, aseguró. . “A mi querida esposa y madre en el cielo, Rosario Romero”, dice la lápida de concreto que yace con el escrito hacia el suelo, luego del ultraje. Al levantar la tapa del ataúd se comprueba lo explicado por Leonel, a su abuela le han arrebatado la tranquilidad de su última morada.Los huesos de las piernas y el cráneo de la dama fallecida el pasado 25 de diciembre del 2007, no se encuentran dentro de la urna abierta, sólo hay tierra y escombros.

La profanación de la tumba de la mujer se enmarca en una macabra ola de crímenes, incluyendo atracos, violaciones y tráfico de drogas, que ha transformado al cementerio en un lugar tan peligroso que los empleados prefieren cumplir horarios que no pasen de las 4:00 de la tarde.

Más profanación que denuncias

Anteriormente, cuando robaban tumbas, el objetivo principal era robar artículos personales, como joyas o empastes dentales de oro, cuenta el Comisario Jefe Sergio González, Jefe del Cicpc Vargas. “Hoy, los ladrones están saqueando las tumbas por razones más siniestras, y el problema está en que no hay actos de denuncia por parte de los afectados, porque sabemos que el delito se consuma”.

“El año pasado, solo 12 familias denunciaron este delito. Sabemos que son muchas las afectadas, pero no hay un nivel de denunciabilidad que nos ayude a abrir procedimientos policiales”, explicó el jefe policial, quien además informó que hasta la fecha son 4 las denuncias procesadas por la sub delegación La Guaira del Cicpc, por el delito de profanación de tumbas y que sus investigaciones les ha dejado la alarmante cifra de que en la región de diez a quince profanaciones se realizan a diario.

Siendo efectivamente un delito, la profanación no cesa. Los artículos 171 y 172 del Código Penal venezolano tipifican que la violación de tumbas es penada con prisión de seis meses a tres años, y si el hecho lo comete el celador o quien administra el lugar santo, la pena aumenta en una tercera parte en el primer caso, y una cuarta parte en el segundo caso.

Es así como se comprueba la osadía de quienes por cierta cantidad de dinero interrumpen el descanso eterno de un difunto con el aval de exaltar su alma en rituales de santería.

El ritual… fácil y garantizado
Según la Fundación de Paleros de Venezuela Funpave, “el mayombero es el hechicero de tradición conga, oficiante de la regla que se conoce como palo monte, la cual rinde culto a muertos y espíritus de la naturaleza. Mayombe es la íntima relación del espíritu de un muerto que junto con los animales, las aguas, los minerales, las tierras, los palos, y las hierbas conforman el universo adorado por los descendientes cubanos de los hombres y mujeres traídos del reino del Manicongo.

Estas prácticas se basan en la interrelación con los espíritus de los ancestros y de los muertos, y con las vibraciones de todo cuanto hay en la naturaleza. Popularmente se conoce a sus seguidores como mayomberos, padres ngangas, ganguleros, paleros, yayas y así sucesivamente, hasta ir a dar al despectivo nombre de “brujo”.

Camacho es mayombero varguense, practicante de esta religión yoruba desde hace más de diez años, y aseguró que ejercer la palería en Vargas es sencillo.

“A veces vengo yo mismo o mandamos a personas que se prestan para estas actividades. Aquí en Vargas hay gente que se presta para profanar tumbas, hasta los mismos cuidadores de los cementerios se prestan para eso porque no tienen sueldo, ellos ayudan a violentar las tumbas para rebuscarse en los cementerios. Es fácil profanar en Vargas porque no hay seguridad en los camposantos”, confiesa Camacho, dejando en evidencia la vulnerabilidad de esta región en cuanto al delito a pesar de que, desde su punto de vista, es parte de un trabajo.

Según Camacho, los cuidadores de los cementerios forman parte fundamental en el proceso de profanación, debido a que ellos no perciben un sueldo. “El pago de los cuidadores que apoyan las profanaciones varía. Un cráneo cuesta 2000 mil bolívares, un fémur 1500 bolívares y los demás huesos del cuerpo varían entre 500, 600 y 800 bolívares”, contó el palero, lo que revela que pueden ganarse con un par de profanaciones mensuales, un 20% más del sueldo mínimo actual.
Entrar a hurtar osamentas en los cementerios de Vargas se puede convertir en una actividad sencilla, pues la forma de entrar sin ser descubiertos es actuando a ser el simple visitante de un familiar.

“Yo hago como si voy a visitar a un familiar y me voy para la parte de atrás del personas. Se trata de buscar el muerto que tenga diez o más de diez años enterrado porque ya no tiene carne, solo le queda el hueso que sirve también para sacar el polvo del muerto, el cual es bueno para hacer brujería”, detalla Camacho.

Asimismo, afirma que ese polvo se le echa a la nganga para darle más fuerza al muerto. “Si el cadáver a profanar está fresco, también sirve porque tiene carne, decir, se le echa sangre para transformarlo en una nganga mayor”, aseveró el palero y agregó que cuando terminan de abrir una tumba guardan la osamenta y se retiran por separado para no ser descubiertos.
Quien no la debe, no la teme

Manuel Carvallo trabaja en el Cementerio de La Guaira como obrero y tiene la responsabilidad de cerrar el camposanto a las cuatro de la tarde. “El cementerio está abierto de siete a cuatro de la tarde, cuando se tranca el cementerio no lo cuida más nadie, hasta que llegamos al día siguiente”, comenta en un tono nervioso, pues el vínculo del celador con el delito es estrecho según investigaciones de los cuerpos de seguridad y las confesiones de los mismos practicantes de la palería.

Carvallo conoce el problema de profanaciones en el cementerio que abre y cierra, no obstante prefiere no abordar a fondo el tema. “Se han pasado informes a la alcaldía y eso esta archivado allá”.

Nuevamente el ente municipal sale a relucir, esta vez como receptor de denuncias. “Se han hecho bastantes denuncias, estamos esperando que pongan vigilancia”, profesó Manuel, cerrando el lugar santo y evadiendo más preguntas.

La responsabilidad de nadie

A pesar de que se desconoce el nombre de quien lo hace, los cuerpos de seguridad saben que el delito se comete. En Vargas, la responsabilidad de cuidar los camposantos es de la Alcaldía del Municipio José María Vargas. Este ente municipal, patrulla a diario por los cementerios municipales, pero no cumple labores de vigilancia permanente. El abogado y Jefe de Operaciones de la Policía Municipal, José Salcedo, aseguró que la cantidad de funcionarios con los que cuenta, imposibilita que se conformen comisiones específicamente destinadas para la vigilancia de la necrópolis.

“Tenemos 340 funcionarios policiales activos, de los cuales cuatro patrullan por los cementerios diariamente, mas no permanecen estáticos en dichos lugares porque hay que brindarle seguridad a todo el Estado”, comenta Salcedo.

Por su parte, Alfridez Castillo, parte del ente municipal, también esquivó la culpa argumentando que: “Hay que sacar a los funcionarios que están de reposo y a los administrativos ¿Qué priorizamos, el resguardo de los bienes, de las vidas, de las instituciones, el patrullaje permanente, o los cementerios? No es prudente decir que es una responsabilidad absoluta de la Policía Municipal”, concretó.

Condenado como delito

Conocer lo que estipula la Ley no le impide a los delincuentes cometer la violación, denuncias van y denuncias vienen, los medios de comunicación son más receptivos que los entes policiales, pues sin un nombre que exponer. El familiar afectado prefiere exhortar a las autoridades tras un llamado de conciencia porque saben lo difícil que es tratar de recuperar los restos de su ser querido.

El dramaturgo varguense, Juan Pirela, ha sido uno de los cuerpos exhumados ilegalmente del Cementerio de La Guaira este año. El periodista Ángel Martínez, comunicador del Diario La Verdad de Vargas, expuso este caso el pasado 8 de junio en forma de alerta a las autoridades.

“Tenemos que alertar porque no hay forma de juzgar a nadie, el tema de las profanaciones de tumbas en nuestro estado es muy sensible ante las autoridades competentes, en este caso, el municipio. Buscar a una fuente oficial es pasar días tratando de conseguirla, a veces simplemente prefieren no informar ni opinar, más cuando sabemos que dentro de los cuerpos de seguridad hay santeros y paleros que no van a capturar a sus pares, por eso sigue la contaminación del caso a nivel institucional”, aseveró.

Por su parte, la periodista del Diario El Nacional, Karem Racinez, para el portal Reportero 24, se fue al campo de la acción y develó el problema desde el enfoque comunal, ya que el cementerio principal de La Guaira está en medio de una popular comunidad llamada Guanape. Racinez, para febrero de 2011 informó que solo una denuncia se había presentado ante el Cicpc durante el mes de enero. El 2011 cerró con doce denuncias ante la policía científica, lo que puede indicar que su investigación sirvió de estímulo a otras familias para relatar su amarga y triste experiencia.

Así queda en evidencia que los medios de comunicación han jugado de voceros en estos casos, sin contar la corresponsalía de Últimas Noticias, el Diario Hoy de Vargas y los medios alternativos como http://www.Notivargas.com, los cuales han publicado casos similares.

Se puede decir que los cuidadores (policía municipal y celadores) de los cementerios municipales de Vargas, específicamente el de Guanape, no cumplen estrictamente con su debida labor, pues se evidencia que estos camposantos no cuentan con ningún tipo de vigilancia. Sin embargo, el Municipio asume su responsabilidad patrullando a diario en los camposantos y propone crear nuevas comisiones donde se integren otros entes de seguridad, para equilibrar la carga y garantizar a los familiares afectados cierta tranquilidad al momento de visitar a sus difuntos.

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Esta entrada fue publicada en 22 de julio de 2012 por .
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